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Uzbekistán marca el paso en Samarcanda: el resultado de un proyecto que lleva años creciendo

Samarcanda, Uzbekistán - 17 de septiembre de 2026

Hay equipos que llegan a una Olimpiada con la intención de competir por las medallas.

Uzbekistán marca el paso en Samarcanda: el resultado de un proyecto que lleva años creciendo

Y hay equipos que llegan con algo más: la sensación de que forman parte de un proceso que lleva años construyéndose.

Uzbekistán pertenece cada vez más claramente a ese segundo grupo.

Después de las dos primeras rondas de la 46.ª Olimpiada de Ajedrez, disputada precisamente en Samarcanda, la selección anfitriona acumula dos victorias, 4 puntos de match y 7½ puntos de tablero. En la primera jornada derrotó 3–1 a Alemania y en la segunda superó 3½–½ a Perú.

Pero el interés no está únicamente en la clasificación después de dos rondas.

Lo verdaderamente llamativo es que Uzbekistán no apareció de repente.

Lo que está sucediendo en Samarcanda es la continuación de una de las transformaciones más importantes que ha experimentado el ajedrez de un país en los últimos años.

De sorpresa olímpica a potencia establecida

En 2022, Uzbekistán sorprendió al mundo.

En la Olimpiada de Chennai, un equipo extremadamente joven terminó invicto y conquistó el oro en la sección abierta. La selección estaba encabezada por Nodirbek Abdusattorov, que entonces tenía apenas 17 años, y contaba también con jugadores como Nodirbek Yakubboev y Javokhir Sindarov.

Aquella victoria podía interpretarse inicialmente como una de esas historias extraordinarias que aparecen cada cierto tiempo en una Olimpiada.

Pero los años posteriores han hecho mucho más difícil hablar de aquello como una casualidad.

Uzbekistán siguió produciendo jugadores de primer nivel, mientras aquella generación juvenil comenzó a acumular experiencia en los torneos más importantes del mundo.

La propia FIDE describía ya en 2023 al país como una nación en rápido ascenso dentro del ajedrez internacional. En ese momento señalaba que Uzbekistán había ganado la Olimpiada de 2022, había terminado segundo en el Campeonato Mundial por Equipos y contaba con cuatro jugadores entre los 100 primeros del mundo.

La fotografía de hoy es diferente.

Aquellos jóvenes que sorprendieron al mundo en 2022 ya no son una promesa.

Son parte de la élite.

Abdusattorov, el rostro de una generación

El caso de Nodirbek Abdusattorov resume perfectamente esta transformación.

En 2021, con apenas 17 años, se convirtió en campeón mundial de rápidas en Varsovia, derrotando durante el torneo a jugadores de la talla de Magnus Carlsen y Fabiano Caruana.

Un año después lideró a Uzbekistán hacia el oro olímpico.

Desde entonces, su nombre dejó de estar asociado únicamente con el futuro del ajedrez.

Pasó a formar parte de su presente.

Y no es el único.

Javokhir Sindarov, también integrante de aquella generación, ha seguido una trayectoria ascendente hasta convertirse en uno de los jugadores más importantes de Uzbekistán. En la segunda ronda de esta Olimpiada, fue precisamente él quien protagonizó una de las actuaciones más llamativas de la jornada al derrotar a Flores Quillas y contribuir a la victoria 3½–½ sobre Perú. FIDE destacó además su partida por una espectacular combinación táctica.

El detalle más interesante es que Sindarov no está viviendo simplemente un buen momento en una Olimpiada.

Es el próximo retador al Campeonato Mundial.

FIDE lo identifica como el aspirante al próximo match por el título mundial, una señal evidente del lugar que los jugadores uzbekos ocupan actualmente en la cima del ajedrez.

La generación de 2022 ya no es una generación joven

Quizá esta sea la parte más importante de la historia.

En 2022, la palabra que definía a Uzbekistán era juventud.

En 2026, la palabra empieza a ser madurez.

Abdusattorov, Sindarov y sus compañeros han tenido cuatro años adicionales para enfrentarse a los mejores jugadores del mundo, disputar Olimpiadas, campeonatos internacionales y torneos de élite.

La experiencia acumulada transforma completamente el significado de aquella medalla de oro.

Ya no se trata de un grupo de adolescentes que tuvo un torneo extraordinario.

Se trata de una generación que ha demostrado que puede permanecer en la conversación internacional.

Eso también explica por qué Uzbekistán aparece entre los equipos que aspiran a luchar por el título en Samarcanda. La prensa internacional lo coloca junto a Estados Unidos, India y China entre las principales selecciones candidatas al oro.

Y entonces llegó Samarcanda

Hay algo simbólico en que este crecimiento tenga como escenario la propia Uzbekistán.

Samarcanda no es únicamente la sede de la Olimpiada de 2026.

En los últimos años se ha convertido en un escenario habitual del ajedrez internacional.

En diciembre de 2023 recibió los Campeonatos Mundiales de Rápidas y Blitz de la FIDE, una competición que reunió a buena parte de la élite mundial. La propia FIDE presentó entonces el evento como parte del creciente protagonismo internacional de Uzbekistán y señaló que la organización del campeonato servía también como impulso para los preparativos de la futura Olimpiada.

El país pasó, poco a poco, de ser una potencia deportiva dentro del tablero a convertirse también en anfitrión de grandes acontecimientos internacionales.

Y eso importa.

Organizar grandes torneos significa infraestructura, experiencia, exposición internacional y contacto permanente con la élite.

En otras palabras, el desarrollo deportivo y la capacidad de organizar eventos comenzaron a reforzarse mutuamente.

El ajedrez como proyecto nacional

La historia de Uzbekistán resulta especialmente interesante porque no depende de un único jugador.

Una potencia puede aparecer porque produce un prodigio extraordinario.

Es mucho más difícil mantenerse cuando una generación completa alcanza la élite.

La federación uzbeka ha ido construyendo precisamente esa profundidad.

Además de Abdusattorov y Sindarov, el país cuenta con jugadores como Nodirbek Yakubboev y Shamsiddin Vokhidov, ambos integrantes del equipo que compitió en la Olimpiada de 2024. En Budapest, Uzbekistán terminó con una medalla de bronce y Abdusattorov registró 9 puntos en 11 partidas, mientras Vokhidov consiguió 8 de 10.

El resultado de 2024 es importante porque demuestra que el oro de Chennai no fue seguido por una desaparición del equipo.

Uzbekistán volvió a subir al podio.

Oro en 2022.
Bronce en 2024.
Y ahora la Olimpiada se juega en casa.

Ese contexto convierte a Samarcanda en mucho más que otra edición del torneo.

La localía puede ayudar, pero no explica todo

Por supuesto, jugar en casa tiene ventajas.

Los jugadores conocen el entorno, reducen determinados desplazamientos y cuentan con el apoyo del público local.

Pero sería simplista explicar el momento de Uzbekistán únicamente por la localía.

El equipo ya había demostrado su nivel en Chennai y Budapest, lejos de casa.

Y los resultados individuales de sus principales jugadores han continuado respaldando esa evolución.

La localía puede añadir energía.

No puede fabricar por sí sola una generación de grandes maestros.

Eso es lo que hace particularmente interesante la situación actual.

La segunda ronda dejó una advertencia

Incluso este comienzo perfecto tuvo momentos de tensión.

FIDE señaló que Uzbekistán estuvo en dificultades durante buena parte de su enfrentamiento con Perú antes de terminar imponiéndose 3½–½.

Eso también sirve para poner las cosas en perspectiva.

Una Olimpiada no se gana después de dos rondas.

Son 11 rondas de competición por equipos, y los principales favoritos empiezan a enfrentarse progresivamente entre sí.

India, Estados Unidos, China, Uzbekistán y las demás potencias todavía tienen por delante los encuentros que realmente pondrán a prueba su profundidad.

La clasificación actual puede cambiar rápidamente.

Pero hay algo que ya no parece circunstancial:

Uzbekistán tiene argumentos para estar en la conversación.

India, Estados Unidos y China siguen ahí

La historia de Uzbekistán tampoco ocurre en un vacío.

India llega a Samarcanda como campeona olímpica defensora y con una generación extraordinariamente fuerte. En la segunda ronda derrotó a Indonesia 2½–1½, después de un encuentro mucho más complicado de lo que sugerían las diferencias de rating.

Estados Unidos también comenzó con dos victorias y cuenta con una alineación de enorme nivel, mientras China continúa formando parte del grupo de selecciones capaces de luchar por las primeras posiciones.

Eso hace todavía más interesante el torneo.

Uzbekistán no está intentando convertirse en una potencia en un escenario vacío.

Está intentando consolidarse en una época en la que India, Estados Unidos y China también están construyendo generaciones excepcionales.

El verdadero reto empieza ahora

Después de dos rondas, los números todavía dicen poco sobre quién terminará levantando el oro.

Pero sí permiten identificar una tendencia.

Uzbekistán ya no necesita que el mundo descubra que tiene talento.

El mundo ya lo sabe.

La cuestión ahora es si esa generación puede convertir años de desarrollo, experiencia y resultados internacionales en algo todavía más difícil:

dominar su propia Olimpiada.

Samarcanda ofrece el escenario perfecto.

La ciudad que en los últimos años ha recibido a los mejores jugadores del planeta ahora reúne a más de 200 selecciones en la mayor competición por equipos del ajedrez.

Y el país anfitrión llega con una generación que comenzó a llamar la atención en Chennai hace cuatro años, consiguió otro podio en Budapest y ahora juega delante de su público.

Quizá por eso la historia de Uzbekistán en esta Olimpiada no debería comenzar con la pregunta de si puede sorprender.

La pregunta es diferente:

¿Hasta dónde puede llegar una generación que lleva años demostrando que aquella sorpresa de 2022 no fue un accidente?

Todavía quedan nueve rondas.

Y en una Olimpiada, eso es prácticamente otra historia por escribir.




Fuentes: FIDE, Chess.com, Chess-Results, Federación de Ajedrez de Uzbekistán y OlimpBase. Fotografía: FIDE / Michal Walusza.